Descripción del fenómeno meteorológico
El 6 de septiembre, un domingo en Villablino, comenzó con un cielo completamente cubierto de nubes. A medida que avanzaba la mañana, la luz del amanecer se abría paso de forma tenue, permitiendo vislumbrar los contornos del valle que poco a poco despertaba.
Desarrollo de la tormenta
Al llegar las nueve de la mañana, la luminosidad empezó a desvanecerse, dando paso a una atmósfera sombría. Desde la ventana, se podía observar cómo unas nubes densas avanzaban desde el escobio de Villarino y el valle de Salientes hacia el norte, creando penumbra. En ese momento, una ligera llovizna comenzó a humedecer las calles.
Una densa bruma, resultado de las lluvias, se alzaba detrás de las nubes. Destellos de relámpagos y truenos lejanos comenzaron a resonar, marcando el inicio de la tormenta. Al calcular la distancia entre los relámpagos y los truenos, se estimó que la tormenta se encontraba a aproximadamente tres kilómetros.
Intensificación de la lluvia
En apenas diez minutos, los relámpagos se intensificaron, iluminando el valle con destellos que cruzaban de este a oeste. El retumbar de los truenos resonó entre las montañas, despertando a algunos vecinos. La llovizna inicial se transformó rápidamente en un fuerte aguacero que cubrió el paisaje, desbordando los canalones de los edificios. El sonido del agua era animado y el aroma a tierra mojada resultaba agradable.
Desenlace de la tormenta
Diez minutos más tarde, comenzaron a aparecer claros en el cielo, a medida que las nubes densas se movían hacia la cuenca del río Sil, en dirección a Vilaseca y Carrascote, y posiblemente hacia La Cueta y el puerto de Somiedo. Esta media hora de actividad climática renovó el aire en Villablino, dejando un aroma fresco y un paisaje revitalizado. Pequeñas brumas jugueteaban entre las copas de los árboles, compartiendo la satisfacción de esta lluvia matutina. Minutos después, el cielo volvió a despejarse, mostrando un azul claro.



